Dejar ir
“¿Cuánto debemos dejar ir?”, me preguntó una amiga un día.
“No estoy segura”, le contesté, “pero tal vez todo”.
Dejar ir es un proceso espiritual, emocional, mental y físico, y a
veces un misterioso proceso metafísico de soltarle a Dios y al
universo aquello a lo que nos estamos aferrando tanto.
Dejamos ir nuestro agarrarnos de la gente, de los resultados, de las
ideas, sentimientos, deseos, necesidades, de todo. Sí,
es importante reconocer y aceptar lo que queremos y lo que queremos
que suceda. Pero es igualmente importante que a continuación lo
dejemos ir.
Dejar ir es la parte de acción de la fe. Es una conducta que le da
permiso a Dios y al universo de enviarnos lo que nos toca tener.
Deja ir significa que reconozcamos que aferrarnos con tantas fuerzas
no nos está ayudando a resolver el problema, a cambiar a la persona
o a obtener el resultado que deseamos. No nos está ayudando a
nosotros. De hecho, aprendemos que el aferrarnos a veces nos impide
obtener lo que queremos y necesitamos.
¿Quiénes somos nosotros para decir que las cosas no están ocurriendo
exactamente como necesitan suceder?
Hay magia en el dejar ir. A veces obtenemos lo que queremos poco
después de que lo hemos dejado ir. A veces lleva más tiempo. A
veces el resultado específico que deseamos no ocurre. A veces sucede
algo mejor.
Dejar ir nos libera y nos conecta con nuestra Fuente.
Dejar ir crea el ambiente óptimo para los mejores resultados y
soluciones posibles.
Hoy me relajaré. Dejare ir lo que más me está perturbando. Confiaré
en que al dejarlo ir, he empezado a poner las ruedas en movimiento
para que las cosas se resuelvan de la mejor manera posible.
Extracto. "El lenguaje del Adios" Melody Beattie
jueves, 24 de diciembre de 2009
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